Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta della prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all’amico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Continúa como siempre su colaboración con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia española e hispana que nos ha estado siguiendo durante años con gran simpatía y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero católico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¡Ora por él! ¡Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

SAN ANDRÉS AVELINO, Protector contra la muerte repentina
 

BREVE SEMBLANZA

               Nació en 1521 en Castronuovo, un pequeño poblado en Sicilia: murió el 10 de Noviembre de 1608. El nombre que recibió a momento del bautismo fue de Lancelotto, el cual, por amor a la cristiandad cambió por el de Andrés, cuando ingresó a la Orden de los Teatinos. Desde su juventud fue un gran amante de la castidad. Luego de recibir su educación primaria en la escuela de Castronuovo, fue enviado a Venecia, a fin de completar los estudios en Humanidades y Filosofía. Siendo un joven bien parecido, su castidad fue frecuentemente en peligro por sus admiradoras femeninas y a fin de escapar de sus lances, se inclinó por los asuntos eclesiales. 

 

Fue a Nápoles a estudiar Derecho, y obtuvo el grado de Doctor en Leyes y fue ordenado sacerdote a la edad de veintiséis años. Durante un tiempo, trabajó en la oficina de abogados en la corte eclesiástica de Nápoles. Un día, mientras defendía la causa de un amigo, una mentira se escapó de sus labios al cargo de la argumentación. Cuando, luego, sus ojos se posaron sobre el pasaje bíblico que dice: “La boca puede matar el alma” (Prob. I, 11) llegó a sentir gran remordimiento, y renunció a su profesión como abogado eclesiástico, y durante un tiempo se dedicó por completo a la santa meditación y a otros ejercicios espirituales.

               El Arzobispo de Nápoles, Carlos de Borromeo, le comisionó entonces a la reforma del convento de esa ciudad, el cual debido a la no observancia de disciplina, había llegado a ser una gran fuente de escándalo. 

               Con base en su propio ejemplo y su especial celo y comportamiento, restauró la disciplina religiosa del convento, pero no sin antes haber enfrentado grandes dificultades. Ciertos hombres débiles que acostumbraban tener encuentros clandestinos con las monjas, llegaron a exasperarse con las interferencias del santo, y una noche fue asaltado y severamente herido. Fue enviado entonces, al monasterio de los Teatinos a fin de recuperarse. En ese lugar, resolvió dedicarse por completo a Dios y entró en la Orden de los Teatinos, que recientemente en ese entonces habían sido fundados por San Cayetano. 

 

 En la Vigilia de la Asunción, fue investido, teniendo treinta y cinco años de edad. Luego de completar su noviciado, obtuvo permiso para visitar las tumbas de los apóstoles y los mártires en Roma, y a su retorno, fue nombrado maestro de novicios. Luego de tener esta oficina durante diez años, fue electo superior. Su celo por la observancia estricta de la disciplina y por la pureza de al realizar sus acciones, además de su gran humildad y sincera piedad, indujeron al General de la Orden a confiarle la fundación de dos nuevas casas de los teatinos, en Milán y la otra en Piacenza. Debido a sus esfuerzos, muchas casas de la orden se desarrollaron en varias diócesis de Italia. En su calidad de superior de estas nuevas sedes religiosas, tuvo mucho éxito en convertir a pecadores y herejes, por medio de su prudencia, en la guía de las almas, por la elocuencia de su prédica. Con ello, fueron muchos los que buscaron su orientación espiritual. 

              Uno de los más conocidos de sus discípulos fue Lorenzo Scupoli, el autor de un libro aún hoy día popular: “El Combate Espiritual”. San Carlos de Borromeo fue íntimo amigo de Avelino y buscó su consejo en los más importantes asuntos de la Iglesia. A pesar de prédicas infatigables, escucha de confesiones y visitas a los enfermos, Avelino todavía tuvo tiempo para escribir trabajos sobre ascetismo. Sus cartas fueron publicadas en 1731, en Nápoles, en dos volúmenes, y otros trabajos de su autoría en cinco volúmenes adicionales, los que fueron publicados tres años más tarde.

              El 10 de Noviembre de 1608, cuando estaba dando inicio al Santo Sacrificio de la Misa, tuvo una apoplejía, y luego de recibir la Comunión, murió como un Santo a la edad de ochenta y ocho años. En 1624, solamente a dieciséis años de su muerte, fue beatificado por Urbano VIII, y en 1712 fue canonizado por Clemente XI. Es venerado como Santo Patrono en Nápoles y en Sicilia, y se le invoca especialmente ante casos de muerte súbita. Sus restos permanecen enterrados en la Iglesia de San Pablo en Nápoles.

LA DEVOCIÓN DEL PAPA PÍO XI POR SAN ANDRÉS AVELINO
 
          “Entretanto los inviernos se iban sucediendo, los paseos por el jardín se fueron haciendo menos frecuentes y también menos recreativos. Los sinsabores y penalidades sufridas habían dado un zarpazo a la salud del Papa. El Padre Santo me había dicho varias veces que iba a durar poco, pero que esperaba no morir de enfermedad. No quería caer en manos de los hombres, sino directamente en las de Dios.


          “Rezo todos los días un Padrenuestro, Avemaría y Gloria en honor de San Andrés Avelino para que me ayude a tener una muerte repentina tan hermosa como la que tuvo él”


“¡Qué horror, Dios mío!” – exclamé.

“Sí, algo de susto para los que me rodean, pero… así es mejor… Se da menos quehacer…”

“No, Beatísimo Padre: A subitánea et improvisa morte libera nos, Domine – repliqué.

“¿Qué dice usted?” – me respondió el Papa.

“La invocación de la Iglesia, Padre Santo: A subitánea et improvisa morte libera nos, Domine”.

  “Pero, ¿qué dice usted? – repitió más fuerte –. ¿No comprende que para nosotros los sacerdotes nunca es la muerte súbita e imprevista, aunque sea repentina? ¡Nosotros siempre estamos preparados y dispuestos para morir!” 
 
           ¡Qué lección! Quedé impresionado, ejemplarizado con aquella advertencia que me hizo mucho bien».
(Mons. Alberto Arborio Mella di Sant’Elia, Maestro de Cámara Pontificio del Papa Pío XI)