[DIFUNDE TU FE CATOLICA] EL SACERDOTE EN EL ALTAR (Parte I)


Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta [prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all’amico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Continúa como siempre su colaboración con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia española e hispana que nos ha estado siguiendo durante años con gran simpatía y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero católico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¡Ora por él! ¡Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

EL SACERDOTE EN EL ALTAR (Parte I)
 


                    Fieles a la línea que marca LA SEMANA DEL BUEN CRISTIANO dedicamos el día de hoy a rezar con insistencia por la Santidad de nuestros sacerdotes; me atrevo a pedir oraciones especiales por aquellos clérigos que ejercen en las catacumbas, los que andan sin sueldo ni ayudas, los que prefieren pasar hambre antes que aceptar complacientes la Apostasía que campa en Roma.

                    Ofrezcamos por ellos nuestras súplicas pero también nuestra compañía y ayuda… esos sacerdotes que ahora viven en la marginalidad, trabajando en silencio por las almas, inmolándose en Altares clandestinos, son los Pastores del resto fiel que se niega a aceptar al anti-Papa que usurpa la Sede del Apóstol Pedro. Estos sacerdotes, ninguneados por la “oficialidad” del Vaticano, son los guías de las almas fieles, y de las que resultarán tras esta crisis; ellos, que han mantenido la Fe y la Doctrina Católica, constituyen la simiente de la Iglesia que pronto volverá a florecer, triunfante, con Cristo como única Cabeza.

 Imposible parece poderse hallar una prerrogativa más excelente del Sacrificio de la Misa, que el poderse decir de él que es, no sólo la copia, sino también el verdadero y exacto original del Sacrificio de la Cruz; y, sin embargo, lo que lo realza más todavía, es que tiene por Sacerdote un Dios hecho hombre. 

               Es indudable que en un Sacrificio hay tres cosas que considerar: el Sacerdote que lo ofrece, la Víctima que ofrece, y la Majestad de Aquél a quien se ofrece. He aquí, pues, el maravilloso conjunto que nos presenta el Santo Sacrificio de la Misa bajo estos tres puntos de vista. El sacerdote que lo ofrece es un Hombre-Dios, Jesucristo; la Víctima ofre­cida es la Vida de un Dios, y Aquél a quien se ofrece no es otro que Dios. Aviva, pues, tu fe, y reconoce en el Sacerdote celebrante la adorable persona de Nuestro Señor Jesucris­to. Él es el primer sacrificador, no solamen­te por haber instituido este Sacrificio y porque le comunica toda Su eficacia en virtud de Sus Méritos infinitos, sino también porque, en cada Misa, Él mismo se digna conver­tir el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre Preciosísima.

               Ve, pues, cómo el privilegio más augusto de la Santa Misa es el tener por Sacer­dote a un Dios hecho hombre. Cuando consi­deres al Sacerdote en el Altar, ten presente que su dignidad principal consiste en ser el Ministro de este Sacerdote invisible y eterno, Nuestro Redentor. De aquí resulta que el Sa­crificio de la Misa no deja de ser agradable a Dios, cualquiera que sea la indignidad del Sacerdote que celebra, puesto que el principal Sacrificador es Jesucristo Nuestro Señor, y el Sacerdote visible no es más que Su humilde ministro. Así como el que da limosna por mano de uno de sus servidores es considerado justamente como el donante principal; y aun cuando el servidor sea un pérfido y un malvado, siendo el señor un hombre justo, su limosna no deja de ser meritoria y santa.

               ¡Bendita sea eternamente la Misericordia de Nuestro Dios por habernos dado un Sacer­dote Santo, Santísimo, que ofrece al Eterno Padre este Divino Sacrificio en todos los paí­ses, puesto que la luz de la Fe ilumina hoy al mundo entero! Sí, en todo tiempo, todos los días y a todas horas; porque el sol no se oculta a nuestra vista sino para alumbrar a otros puntos del globo; a todas horas, por consiguiente, este Sacerdote Santo ofrece a Su Eterno Padre Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma, a Sí Mismo, todo por nosotros, y tantas veces como Misas se celebren en todo el Uni­verso.

              ¡Oh, qué inmenso y precioso Tesoro! ¡Qué mina de riquezas inestimables poseemos en la Iglesia de Dios! ¡Qué dicha la nuestra si pudiéramos asistir a todas esas Misas! ¡Qué capital de méritos adquiriríamos! ¡Qué co­secha de gracias recogeríamos durante nuestra vida, y qué inmensidad de Gloria para la Eternidad, asistiendo con fervor a tantos y tan Santos Sacrificios!

San Leonardo de Porto-Mauricio “El Tesoro escondido de la Santa Misa”

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