[DIFUNDE TU FE CATOLICA] CARDENAL SPÍNOLA, la Nobleza hecha Santidad

Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta della prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande[ simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all’amico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Continúa como siempre su colaboración con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia española e hispana que nos ha estado siguiendo durante años con gran simpatía y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero católico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¡Ora por él! ¡Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

CARDENAL SPÍNOLA, la Nobleza hecha Santidad

Marcelo Rafael José María de los Dolores Hilario Spínola y Maestre, nació en una familia muy católica en San Fernando, Cádiz, el 14 de Enero de 1835. Pasó la infancia siguiendo los traslados de su padre, el Marqués de Spínola. Estudió Filosofía de 1843 a 1848 en Cádiz, Motril y Granada, siendo Graduado en dicha especialidad por la Universidad de Granada en 1848. Trasladado a Valencia, estudió el año de ampliación de la Carrera de Jurisprudencia de 1842 a 1852, tras lo cual volvió a Sevilla, en cuya Universidad consigue los grados de Bachiller y de Licenciado en Jurisprudencia recibidos en 1854 y 1856. Abrió un bufete en Huelva, defendiendo a mucha gente humilde de dicha ciudad.

 Aquí el joven abrió su oficina legal haciéndose notar por sus servicios gratuitos en el campo legal a los pobres. Dejada la profesión, como ya lo había hecho el abogado napolitano San Alfonso María de Ligorio en 1723, entró al Seminario de Sevilla y recibió la ordenación sacerdotal en 1864. Renunció a ostentar el título de Marqués y con él a todas las frivolidades del mundo.

          Como capellán en Sanlúcar de Barrameda y luego como Párroco de San Lorenzo en Sevilla, demostró un gran celo pastoral y dedicó su mejor tiempo sobre todo al ministerio de la reconciliación.

          Nombrado en 1879 canónigo de la Catedral de Sevilla, el 6 de Febrero de 1881 fue elegido Obispo auxiliar de la misma Arquidiócesis. Promovido Obispo de Coria-Cáceres en 1884, desarrolló allí un intenso apostolado entre los últimos. Entre otras visitó la zona más deprimida de España, Las Hurdes, situada en su Diócesis y con Celia Méndez y Delgado fundó la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón.


“El humilde, sin presumir de sí y sólo puesta en Dios la vista, se considera en la obligación de imitar al Divino Maestro, que todo lo hizo bien; y sabio o artista, hombre de letras o de trabajo, magistrado o sacerdote, procura hacerlo todo bien, y llegar a lo sumo posible, al ideal de su oficio…”  (De los escritos del Cardenal Spínola)
           Trasladado a la Diócesis de Málaga en 1886, le indican a su llegada que según el protocolo, debía corresponder con una invitación en Palacio a la gente que le había obsequiado y recibido a su llegada a la Diócesis. Enterado de lo que costaría la fiesta respondió: ” ¡Ni pensarlo! Lo siento mucho pero cantidad semejante no puedo gastarla en fiestas, pertenece a los pobres”. Diez años más tarde pasó a ser Arzobispo de Sevilla. 

          Su inquietud le llevó a visitar todos los pueblos de la diócesis en acción pastoral en unos tiempos con malas comunicaciones y a lomos de un mulo. Además, también acudía a la cárcel y los hospitales a consolar a los que estaban allí.

         Cuando fue trasladado como Arzobispo a Sevilla, pidió limosna de puerta en puerta, para los que sufrían el hambre, hasta el extremo, a causa de una sequía sin precedentes. Cuando quisieron condecorarlo, no lo aceptó y contestó sencillamente: ”No he hecho más que cumplir con mi deber de Obispo”.

          En el Consistorio de 11 de Diciembre de 1905, San Pío X lo creó Cardenal. El 31 de Diciembre de ese mismo año, el Rey de España, Alfonso XIII, le impuso la birreta cardenalicia.

 Aquí el joven abrió su oficina legal haciéndose notar por sus servicios gratuitos en el campo legal a los pobres. Dejada la profesión, como ya lo había hecho el abogado napolitano San Alfonso María de Ligorio en 1723, entró al Seminario de Sevilla y recibió la ordenación sacerdotal en 1864. Renunció a ostentar el título de Marqués y con él a todas las frivolidades del mundo.

          Como capellán en Sanlúcar de Barrameda y luego como Párroco de San Lorenzo en Sevilla, demostró un gran celo pastoral y dedicó su mejor tiempo sobre todo al ministerio de la reconciliación.

          Nombrado en 1879 canónigo de la Catedral de Sevilla, el 6 de Febrero de 1881 fue elegido Obispo auxiliar de la misma Arquidiócesis. Promovido Obispo de Coria-Cáceres en 1884, desarrolló allí un intenso apostolado entre los últimos. Entre otras visitó la zona más deprimida de España, Las Hurdes, situada en su Diócesis y con Celia Méndez y Delgado fundó la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón.


“El humilde, sin presumir de sí y sólo puesta en Dios la vista, se considera en la obligación de imitar al Divino Maestro, que todo lo hizo bien; y sabio o artista, hombre de letras o de trabajo, magistrado o sacerdote, procura hacerlo todo bien, y llegar a lo sumo posible, al ideal de su oficio…”  (De los escritos del Cardenal Spínola)
           Trasladado a la Diócesis de Málaga en 1886, le indican a su llegada que según el protocolo, debía corresponder con una invitación en Palacio a la gente que le había obsequiado y recibido a su llegada a la Diócesis. Enterado de lo que costaría la fiesta respondió: ” ¡Ni pensarlo! Lo siento mucho pero cantidad semejante no puedo gastarla en fiestas, pertenece a los pobres”. Diez años más tarde pasó a ser Arzobispo de Sevilla. 

          Su inquietud le llevó a visitar todos los pueblos de la diócesis en acción pastoral en unos tiempos con malas comunicaciones y a lomos de un mulo. Además, también acudía a la cárcel y los hospitales a consolar a los que estaban allí.

         Cuando fue trasladado como Arzobispo a Sevilla, pidió limosna de puerta en puerta, para los que sufrían el hambre, hasta el extremo, a causa de una sequía sin precedentes. Cuando quisieron condecorarlo, no lo aceptó y contestó sencillamente: ”No he hecho más que cumplir con mi deber de Obispo”.

          En el Consistorio de 11 de Diciembre de 1905, San Pío X lo creó Cardenal. El 31 de Diciembre de ese mismo año, el Rey de España, Alfonso XIII, le impuso la birreta cardenalicia.

 Aquí el joven abrió su oficina legal haciéndose notar por sus servicios gratuitos en el campo legal a los pobres. Dejada la profesión, como ya lo había hecho el abogado napolitano San Alfonso María de Ligorio en 1723, entró al Seminario de Sevilla y recibió la ordenación sacerdotal en 1864. Renunció a ostentar el título de Marqués y con él a todas las frivolidades del mundo.

          Como capellán en Sanlúcar de Barrameda y luego como Párroco de San Lorenzo en Sevilla, demostró un gran celo pastoral y dedicó su mejor tiempo sobre todo al ministerio de la reconciliación.

          Nombrado en 1879 canónigo de la Catedral de Sevilla, el 6 de Febrero de 1881 fue elegido Obispo auxiliar de la misma Arquidiócesis. Promovido Obispo de Coria-Cáceres en 1884, desarrolló allí un intenso apostolado entre los últimos. Entre otras visitó la zona más deprimida de España, Las Hurdes, situada en su Diócesis y con Celia Méndez y Delgado fundó la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón.


“El humilde, sin presumir de sí y sólo puesta en Dios la vista, se considera en la obligación de imitar al Divino Maestro, que todo lo hizo bien; y sabio o artista, hombre de letras o de trabajo, magistrado o sacerdote, procura hacerlo todo bien, y llegar a lo sumo posible, al ideal de su oficio…”  (De los escritos del Cardenal Spínola)
           Trasladado a la Diócesis de Málaga en 1886, le indican a su llegada que según el protocolo, debía corresponder con una invitación en Palacio a la gente que le había obsequiado y recibido a su llegada a la Diócesis. Enterado de lo que costaría la fiesta respondió: ” ¡Ni pensarlo! Lo siento mucho pero cantidad semejante no puedo gastarla en fiestas, pertenece a los pobres”. Diez años más tarde pasó a ser Arzobispo de Sevilla. 

          Su inquietud le llevó a visitar todos los pueblos de la diócesis en acción pastoral en unos tiempos con malas comunicaciones y a lomos de un mulo. Además, también acudía a la cárcel y los hospitales a consolar a los que estaban allí.

         Cuando fue trasladado como Arzobispo a Sevilla, pidió limosna de puerta en puerta, para los que sufrían el hambre, hasta el extremo, a causa de una sequía sin precedentes. Cuando quisieron condecorarlo, no lo aceptó y contestó sencillamente: ”No he hecho más que cumplir con mi deber de Obispo”.

          En el Consistorio de 11 de Diciembre de 1905, San Pío X lo creó Cardenal. El 31 de Diciembre de ese mismo año, el Rey de España, Alfonso XIII, le impuso la birreta cardenalicia.

          Su frágil cuerpo se resiente de tanta actividad, y así, al regreso de la bendición del Santuario de la Virgen de Regla, en Chipiona, muere, el 19 de Enero de 1906, a los 71 años, dejando a los sevillanos con la sensación de que ha fallecido un hombre santo.

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