[DIFUNDE TU FE CATOLICA] EL SANTO ODIO

Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta della prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande[ simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all’amico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Continúa como siempre su colaboración con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia española e hispana que nos ha estado siguiendo durante años con gran simpatía y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero católico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¡Ora por él! ¡Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

EL SANTO ODIO

“Si alguno viene a Mí, y no odia a su padre, a su madre, y esposa e hijos y hermanos y aun también su propia vida, no puede ser Mi discípulo”
(Evangelio de San Lucas, cap. 14, vers. 26)

          La radicalidad evangélica nos exige vivir en este mundo como si no perteneciéramos a él. 

          El Santo Odio es precisamente eso: detestar todo aquello que nos aparta del Amor de Dios, que nos limita o impide cumplir Su Voluntad en nosotros. Lejos de ser un sentimiento negativo, el odio por el mundo, por el pecado, es una virtud propia de almas predispuestas a la santidad, que rechazan los efímeros afectos humanos para reservar todo su corazón a Dios mismo.

          En no pocas ocasiones, la familia, los padres, hermanos… no resultan ser todo lo bueno que a nosotros nos gustaría; hay veces que nos sentimos mal, raros, apartados, por no compartir con ellos valores, ideas o puntos de vista, cuestiones graves, que nos sitúan en orillas muy diferentes y que a menudo hacen que surjan distancias insalvables y hasta enfrentamientos. 

          Como Cristianos, debemos seguir el ejemplo claro de Nuestro Señor, que pese a vivir sujeto a María y a José, aún siendo un niño, permaneció tres días en el Templo, discutiendo con los Doctores, mientras sus padres, con dolor y casi exhaustos, le buscaban… y al dar con el Divino Niño, José y María le reclaman, casi le regañan, pero Jesús, con tranquilidad les dice “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que tengo que estar en la Casa de Mi Padre?” (Evangelio de San Lucas, cap. 2, vers. 49)

          Alcanzada la madurez, al inicio de Su Predicación, Jesús recuerda a la Virgen -ya viuda de San José- que su verdadera familia la forma “todo aquel que hace la Voluntad de Mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre…” (Evangelio de San Mateo, cap. 12, vers. 50)

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