Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta della prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all’amico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Continúa como siempre su colaboración con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia española e hispana que nos ha estado siguiendo durante años con gran simpatía y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero católico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¡Ora por él! ¡Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

DOMINGO DEL BUEN PASTOR

    “Yo Soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. No así el asalariado, que no es el pastor y las ovejas no son suyas. Cuando ve venir el lobo, huye abandonando las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa. A él sólo le interesa su salario y no le importan nada las ovejas. Yo soy el Buen Pastor y conozco a Mis ovejas y ellas Me conocen a Mí, lo mismo que el Padre me conoce a Mí y Yo conozco al Padre. Y Yo doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también llevaré, y habrá un solo rebaño con un solo pastor.”

Evangelio de San Juan, cap. 10, vers. 11-16

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ACTO DE DESAGRAVIO 
COMPUESTO POR EL PAPA PÍO XI 
8 de Mayo de 1928


             ¡Oh Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante Vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren Vuestro Amantísimo Corazón.
              Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra Divina Misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del Camino de la Salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las Promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de Vuestra Ley.
              Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los Días Festivos, las execrables injurias proferidas contra Vos y contra Vuestros Santos, los insultos dirigidos a Vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del Amor y, en fin, los públicos pecados de las Naciones que oponen resistencia a los Derechos y al Magisterio de la Iglesia por Vos fundada.
              ¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del Honor Divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen Vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que Vos Mismo ofrecisteis un día sobre la Cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de Vuestra Gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia Vuestro Amor, oponiendo la firmeza en la Fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la Ley Evangélica, sobre todo de la Caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en Vuestro seguimiento.
             ¡Oh Benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario Acto de Reparación; concedednos que seamos fieles a Vuestros Mandatos y a Vuestro Servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la Gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.