[DIFUNDE TU FE CATOLICA] PASEMOS POR LA TIERRA COMO PEREGRINOS…

Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta della prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all‚Äôamico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Contin√ļa como siempre su colaboraci√≥n con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia espa√Īola e hispana que nos ha estado siguiendo durante a√Īos con gran simpat√≠a y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero cat√≥lico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¬°Ora por √©l! ¬°Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

PASEMOS POR LA TIERRA COMO PEREGRINOS…

MEDITACIONES DIARIAS PARA LA SEMANA SANTA
“Mira a menudo y contempla¬†la imagen de Jes√ļs Crucificado…”
Por San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia

¬†Es muy conducente a la salvaci√≥n repetir a menudo: Llegar√° el d√≠a de mi muerte. La Iglesia renueva este recuerdo a los fieles el Mi√©rcoles de Ceniza de cada a√Īo. Pero esta idea de la muerte nos es representada frecuentemente en el curso del a√Īo, ya en los cementerios que encontramos en los caminos, ya en las sepulturas que vemos en la Iglesia, y ya finalmente en los mismos muertos que llevan a enterrar.
               Los muebles más preciosos que han usado los anacoretas en sus grutas, eran una cruz y una calavera: aquélla para recordarles la Muerte de Jesucristo por amor a los hombres, y ésta para que no olvidasen que eran mortales. Y así perseveraban en la penitencia hasta el fin de sus días, y muriendo pobres en el desierto, morían más contentos que los monarcas en sus palacios.
              Se acerca el fin, el fin se acerca. Uno vive más largo tiempo, otro menos; pero todos, tarde o temprano, debemos morir, y a la hora de la muerte el solo consuelo que experimentaremos será haber amado a Jesucristo y haber sufrido por Su Amor los trabajos de la vida.
               Entonces no podrán ni las riquezas atesoradas, ni los honores adquiridos, ni los placeres gustados consolarnos: todas las grandezas de este mundo no dan consuelo a los moribundos, sino pena; y cuanto más buscadas han sido, tanto mayor pena darán. Por lo contrario, todos juntos serán nuestro suplicio, y cuanto más numerosos habrán sido los bienes mundanos, más y más terribles serán nuestros castigos.
¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† Sor Margarita de Santa Ana religiosa carmelita descalza hija del Emperador Rodolfo II, dec√≠a: ¬ŅDe qu√© sirven los imperios en la hora de la muerte? ¬°Ah! A cu√°ntos mundanos les sucede que, cuando est√°n m√°s ocupados en procurarse ganancias, poder y honores, les llega la hora de la muerte y se les dice: Disp√≥n de tu casa, porque vas a morir y no vivir√°s. Se√Īor fulano, es tiempo de pensar en hacer testamento, porque se encuentra usted mal. ¬°Oh! cu√°l ser√° la pena de este hombre que estaba en v√≠speras de ganar un pleito, de adquirir una posesi√≥n o un palacio, al o√≠r al sacerdote, que encomend√°ndole el alma, le dir√°: ¬°Sal, alma cristiana, de este mundo! ¬°Sal de este mundo y ve a rendir tus cuentas a Jesucristo! ‚ÄĒ ¬°Ay! no estoy en disposici√≥n. ‚ÄĒNo importa: es necesario partir.
¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬†¬°Oh Dios m√≠o! ¬°Iluminadme, dadme la fuerza suficiente para consagrar el resto de mis d√≠as a vuestro servicio y a vuestro amor! Si en este instante llegase la hora de mi muerte, yo no morir√≠a contento, morir√≠a en la inquietud y en la ansiedad. ¬ŅPues a qu√© espero? ¬ŅA qu√© me atrape la muerte con gran peligro de mi eterna salvaci√≥n? Se√Īor, si he sido un loco hasta el presente, no quiero serlo m√°s. Yo me entrego enteramente a vos: aceptadme y socorredme con vuestra gracia.
              A cada uno le llegará su fin, y con él el decisivo momento de una eternidad de Bienaventuranza o de una eternidad de condenación. ¡Oh! si pensásemos todos en este momento grande, y en las cuentas que deberemos dar al Juez de toda nuestra vida. Si lo tuviésemos presente, no nos ocuparíamos, no, en amontonar tesoros; no nos fatigaríamos en correr detrás de las grandezas en esta vida que acaba, más pensaríamos en santificarnos y hacernos grandes en la vida que no acaba jamás. Si, pues, tenemos Fe y creemos que hay Muerte, Juicio y Eternidad, procuremos no vivir sino para Dios en los días que nos restan. Pasemos por la tierra como peregrinos, pensando que pronto habremos de abandonarla; tengamos delante de la vista la imagen de la muerte, y en los negocios de este mundo hagamos lo que a la hora de la muerte sentiremos no haber hecho.

Todas las cosas de la tierra nos dejar√°n, o nosotros las dejaremos. Escuchemos a Jes√ļs que nos dice: Atesorad para vosotros tesoros en el Cielo, en donde no los consume or√≠n ni polilla. Despreciemos los tesoros de la tierra que no pueden contentarnos y presto acaban; adquiramos los tesoros del Cielo que nos har√°n felices y no tendr√°n fin.
¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬† ¬†Desgraciado de m√≠, ¬°oh Dios m√≠o! que os he vuelto las espaldas tantas veces a Vos, Bien Infinito, por las cosas de la tierra. Reconozco mi error de haber buscado hasta ahora c√≥mo adquirir celebridad y fortuna en este mundo. El solo bien que anhelo ya es poderos amar y hacer vuestra Santa Voluntad. ¬°Oh Jes√ļs m√≠o! desterrad de m√≠ todo deseo de querer figurar, y hacedme apetecer los desprecios y la vida retirada. Dadme fortaleza para negarme yo a m√≠ mismo todo aquello que pudiera desagradaros. Haced que abrace en santa paz las enfermedades, las persecuciones, los dolores y todas las cruces que Vos me envi√°reis. ¬°Oh! S√©ame dado morir por vuestro amor, abandonado de todo el mundo, como moristeis Vos por m√≠.
              ¡Virgen Santa María! Vuestros ruegos pueden hacerme hallar la verdadera felicidad que consiste en amar mucho a vuestro Divino Hijo. Rogadle por mí, en Vos confío.

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