[DIFUNDE TU FE CATOLICA] SAN JUAN FISHER, Mártir de la secta anglicana

Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta della prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all’amico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Continúa como siempre su colaboración con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia española e hispana que nos ha estado siguiendo durante años con gran simpatía y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero católico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¡Ora por él! ¡Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

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SAN JUAN FISHER, Mártir de la secta anglicana

  San Juan Fisher nació en Beverley, Yorkshire, Inglaterra en el 1469. Desde los catorce años fue un distinguido escolástico en Humanidades, que estudió en Michaelhouse en Cambridge 

            Ordenado sacerdote a los 22 años, bajo dispensa especial, poco después alcanzó el Doctorado y fue vicecanciller de Michaelhouse. En 1502 dimitió para ser Capellán de la madre del Rey, Doña Margarita Beaufort, Condesa de Richmond y Derby. Bajo su dirección, Doña Margarita fundó Christ’s College y Saint John’s College en Cambridge.  A ella se le reconoce como la mayor benefactora de Cambridge.

            Ayudó, entre otros, al famoso humanista Erasmus. Fisher fue el primero en enseñar griego y hebreo en Cambridge. En 1504, durante el reinado de Enrique VII, con solo 35 años, Fisher es elegido Canciller de la Universidad. El mismo año es nombrado Obispo de Rochester. Llevó al mismo tiempo los dos cargos con asombrosa diligencia. Favoreció enormemente tanto a la Universidad como a su Diócesis.


            Rochester era la mas pequeña y pobre de las Diócesis de Inglaterra, pero el Obispo Fisher la amaba tanto que mas tarde rehusó las Sedes mas ricas de Ely y Lincoln, diciendo que “no dejaría a su pobre y vieja esposa por la viuda mas rica de Inglaterra.” El clima era tan húmedo y el estado de su residencia tan ruinoso que su amigo Erasmus, al hospedarse con el, estaba asombrado; sin embargo Fisher fue su Pastor durante treinta años.

            A imitación de Cristo Nuestro Señor, cuidaba a sus ovejas con valentía, entrega y gran amor. Hacía visitas frecuentes, administraba la confirmación, disciplinaba al clero, visitaba personalmente a los pobres y distribuía limosna a los pobres. 

            Durante este tiempo, Fisher continuó escribiendo y estudiando. Comenzó a estudiar Griego a los 48 años y Hebreo a los 51. Era un predicador tan elocuente que cuando Enrique VII murió en 1509, predicó en el Funeral.  En las palabras de Erasmus: “No hay en la nación hombre mas instruido ni Obispo mas Santo“. Enrique VIII, antes de que Fisher suscitara su ira lo elogiaba abiertamente diciendo que “no otro príncipe o reino tiene tan distinguido Prelado

            Fisher se oponía al tipo de reforma de los protestantes, y escribió cuatro libros contra ellos. Sin embargo prefería la oración y el ejemplo a la controversia. El comprendía que la verdadera reforma requiere santidad de vida pues no es sino vivir con coherencia la enseñanza de la misma Iglesia.

            Con gran valentía el Obispo Fisher censuró al clero en un Sínodo por su corrupción, vanidad, relajamiento y amor a las ganancias. El sabía que la mayoría del clero en posiciones altas había llegado allí por su servicio al estado o por intereses privados. Como miembro de la cámara de los Lords, Fisher vigorosamente luchó por reformas que separaran al clero de las influencias del estado. Desde allí lanzó también una severa protesta cuando se propuso en la asamblea aceptar que Enrique VIII fuese la cabeza de la iglesia de Inglaterra.

            El Rey quería anular su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse de nuevo. Como el Papa no se lo concedía por no haber causa justa, el Rey decidió hacerse con la autoridad suprema de la Iglesia en Inglaterra.  El Monarca impuso la obligación de tomar el famoso “Oath of supremacy” (Juramento de Supremacía), por el cual se le reconocía a él como cabeza de la iglesia de Inglaterra. El Obispo Fisher rehusó prestar su palabra a semejante sacrilegio que rompía con la Autoridad del Papa. 

            Ni la amonestación de amigos y ni las amenazas de enemigos lograron hacerle ceder; incluso trataron de envenenarlo y sufrió diferentes atentados de los que salió ileso.

            Thomas Cromwell trató, sin éxito, de vincularlo con Isabel Barton, la ‘Santa Doncella de Kent,’ una religiosa que pronunciaba ataques personales contra el Rey por tratar de divorciarse de la Reina.

            San Juan Fisher fue llevado, a pesar de estar enfermo, a Lambeth para que jurase el “Bill of succession”. El rehusó por ser este en esencia un juramento a favor de la supremacía del rey sobre la Iglesia Católica. En Rochester fue arrestado y de los alrededores vino la gente a despedirse. Tuvo la oportunidad de arreglar sus asuntos, de dar limosnas y de pasar por las calles bendiciendo al gentío.

                Al llegar a Londres fue confrontado por rehusar el juramento a lo que Fisher dijo: “Mi respuesta es que, ya que mi propia conciencia no puede estar satisfecha, yo absolutamente rehuso el juramento. No condeno la conciencia de ningún otro. Sus conciencias podrán salvarles, y la mía debe salvarme“. En Abril del 1534, SAn Juan Fisher contaba con 66 años, pero eso no evitó que sus enemigos lo encarcelaran más de un año en la Torre de Londres.

             Enrique VIII envió un mensajero confidencial para ofrecerle libertad si asentía al juramento en secreto, “solo para los oídos del Rey“.

            Durante su prisión, el Papa Pablo III reconoció su heroicidad y lo nombró Cardenal. El Rey enfurecido dijo: “Pues ese capelo se lo colgará de los hombros, porque no tendrá cabeza para llevarlo“. Lo llevó a juicio acusado de traición por negar la autoridad del monarca sobre la Iglesia; el juicio resultó ser un grotesco teatro cuyo final fue la sentencia a muerte del Cardenal Fisher; algunos jueces lloraron cuando lo condenaron a muerte el 17 de Junio de 1535. Pocos días después, el Cardenal, anciano y muy enfermo fue llevado en silla al lugar del martirio.


           Fue cortés con los guardias agradeciéndoles sus atenciones. Pedía a la gente que rezaran por él para que no le faltase el valor en el momento final. Llevaba un pequeño Nuevo Testamento del cual leyó a la puerta de la Torre estas palabras: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese.” (Evangelio de San Juan, cap. 17, vers. 3- 5). Cerrando el libro dijo: “Aquí hay instrucción suficiente para el resto de mi vida“.

            Junto al verdugo dice: “Voy a morir por Jesucristo y por la Iglesia Católica. Con mi muerte quiero dar testimonio del Papa como Jefe único de la Iglesia. Hasta el Cielo… hijos…” Sus últimas palabras fueron del Salmo 31: “En Ti Señor, he puesto mi confianza“. Con total dominio de si mismo y con gran paz se dispuso al Martirio: fue decapitado con un hacha el 22 de Junio de 1535.

            Su amigo Santo Tomás Moro, que compartió con el prisión y también murió Mártir, escribió de San Juan Fisher: “No conozco a ningún hombre que compare con el en sabiduría, conocimiento y virtud probada” 

            San Juan Fisher fue enterrado junto a la Iglesia de All Hallows en Barking. Su cabeza fue exhibida en el Puente de Londres por dos semanas y después tirada al río Thames.

            En 1935, cuatrocientos años después del Martirio, Juan Fisher fue Canonizado por el Papa Pío XI.

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