Nota di Radio Spada: continua come sempre la sua collaborazione con Radio Spada il carissimo amico Juan Diego Ortega Santana, titolare del blog sicutoves.blogspot.com. Si tratta della prima rubrica radiospadista dedicata al pubblico spagnolo e ispanofono che ci segue da anni con grande simpatia ed affetto. Un sentito ringraziamento all’amico Juan Diego, vero cattolico integrale,  che in molte occasioni ci ha testimoniato il suo affetto e la sua stima. Pregate per Lui. Buona lettura! (Piergiorgio Seveso)

Nota de Radio Spada: Continúa como siempre su colaboración con Radio Spada el muy querido amigo Juan Diego Ortega Santana, propietario del blog sicutoves.blogspot.com. Esta es la primera columna de radiospadistas dedicada a la audiencia española e hispana que nos ha estado siguiendo durante años con gran simpatía y afecto. Un sincero agradecimiento a mi amigo Juan Diego, un verdadero católico integral, que en muchas ocasiones ha sido testigo de su afecto y estima. ¡Ora por él! ¡Feliz lectura! (Piergiorgio Seveso)

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA, por el Padre Martin de Cochem, Capuchino. CAPÍTULO 2, Parte 2: SOBRE EL VALOR DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

Si estas doctrinas heréticas fueran verdaderas, lo más lógico sería que desde el tiempo de Cristo ni una persona, aunque hubiera sido Apóstol o Mártir, se habría podido salvar.

               Los Santos Apóstoles y todos sus sucesores celebraron y ofrecieron el Sacrificio de la Misa al Dios Altísimo. Ahora bien, si la Santa Misa fuera idolatría y una negación del único Sacrificio de Cristo en la Cruz, los Santos Apóstoles y todos los fieles habrían sido culpables de idolatría, y habrían ofendido gravemente a la Divina Majestad y se habrían hecho a sí mismos dignos de la perdición eterna. Y puesto que ninguna persona con algún sentido creerá tal afirmación, nadie puede creer que la doctrina Calvinista es verdadera. Más que escuchar a Calvino y Lutero, escuchen lo que dice San Fulgencio de Ruspe: “Manteneos firme en la doctrina y nunca os permitáis dudar que el Hijo Unigénito de Dios se hizo hombre por nosotros, y por nosotros se ofreció a sí mismo a Dios Omnipotente, a quien la Iglesia Católica por todo el mundo ofrece ahora e incesantemente en Fe y Caridad la Oblación de pan y vino.” ¿Quién es más digno de nuestra creencia -un Maestro Santo e iluminado de la Iglesia o dos apostatas como Calvino y Lutero?.

               A éstos se puede aplicar las palabras dirigidas por el erudito Pedro de Cluny a otros herejes: “Si vuestra doctrina fuera aceptada universalmente, es decir, si los Cristianos abolieran el Santo Sacrificio de la Misa, pasaría en esta época de gracia lo que nunca pasó en la época de ira: Dios no sería adorado en la tierra.

               Vosotros, enemigos de Dios, escuchad cuando la Iglesia de Dios os dice que el Sacrificio Divino es esencial a su existencia, y que en este Sacrificio ella ofrece el Cuerpo y la Sangre del Salvador dondequiera que se haga esta ofrenda…”

               Por lo tanto, vigilemos para que no nos pase a nosotros lo que les pasó a los herejes. Pues, el Malvado les privó de la Santa Misa en horrendo perjuicio. Pero a nosotros Católicos, puesto que no podía lograr privarnos de ella, nos ha cegado en gran parte para que no apreciemos plenamente la magnitud del Santo Sacrificio y su poder inmenso. Sin duda fue por causa de los ardides de Satanás el que durante bastante tiempo, el Misterio Divino fuese rara vez el tema de sermones, y el que poco se haya dicho o escrito sobre ello. Por consiguiente, los Católicos se volvieron descuidados en asistir a la Santa Misa, o bien les faltaba mucha devoción cuando asistían.

               Como manera de evitar este mal, el Concilio de Trento, mandó a los que tenían el cuidado de almas, predicar frecuentemente sobre la Santa Misa. El Decreto se lee como sigue: “El Santo Sínodo ordena a Pastores, y a todos los que tienen el cuidado de almas, a exponer frecuentemente durante la celebración de la Misa, o ellos mismos o por otros, alguna porción de las cosas que se lee en la Misa; y que, además, expliquen algún Misterio de este Sacrificio más Santo, especialmente en el Día del Señor y las Fiestas.” (Sesión 22, Cap. 8). 

               Si la gente es ignorante del gran valor de la Santa Misa, no la aman ni la aprecian como debieran, nunca asisten a la Misa durante la semana y en los Domingos y días de precepto su asistencia es con frecuencia demasiado indiferente, irreverente y superficial; se ausentan solamente por pretexto, sin el escrúpulo más pequeño de conciencia.

               Pero si comprenden la eficacia y el valor inmenso de la Santa Misa, no pueden dejar de apreciar más este Tesoro inapreciable, de amarlo más profundamente, y de asistir a la Oblación Divina con una mayor reverencia. En la Iglesia Católica, no hay un Misterio más importante, más consolador, más saludable que este Misterio sublime del Altar. Si solamente esta verdad fuera reconocida correctamente, veríamos seguramente una asistencia más grande a la Misa durante la semana. 

          Continuará…